La práctica de la magia, que en su día fue una sentencia de muerte, nunca ha estado respaldada por muchas pruebas. Sabemos que se acusaba a las mujeres de practicarla y de asociarse con el diablo, pero lo único que realmente podemos saber es que vivían fuera de la “normalidad”, ya fuera por practicar un aborto, por negarse a ser cristianas o por decir “no” a un hombre.
La práctica de la magia abarca mucho más que hechizos y la práctica religiosa, una tradición sagrada para muchas personas, significa también el tipo de actividades mundanas que podrían haber dado lugar a acusaciones: disfrutar del sexo, controlar la salud (reproductiva o no), salir con otras mujeres, no preocuparse por lo que piensen los demás, disfrutar de una misma, discrepar y simplemente saber cosas.
La práctica de la magia consiste en rebelarse, no por rebelarse, sino rebelearse con el propósito de vivir fieles a nosotras mismas. Eso puede significar abrazar los rasgos que te han dicho que te hacen rara, desagradeble o insuficientemente femenina. A muchas mujeres se nos enseña desde pequeñas que cualquier poder que tengamos, incluso el poder sobre nosotras mismas, se considera peligroso.

Probablemente ya conozcas algunas de estas facultades. Otras pueden resultarte menos familiares. Puede que te avergüences de que no se te den bien por naturaleza, como el maquillaje, vestirte, cocinar y mil cosas más que una debe saber sólo por ser mujer. Puede que las rechaces porque te han enseñado que son poco masculinas y, por tanto, una burla.
Pero nada de este poder está fuera de tu alcance. La prácitca mágica es tu derecho de nacimiento, no sólo por ser mujer, sino porque eres una persona.
Todos a tu alrededor quieren que encajes en un papel que alguien eligió para tí, mientras que con la práctica mágica podrás intentar encontrar un propósito personal. Todo lo que tienes que hacer es reconocer tus habilidades, perfeccionarlas y canalizarlas para hacer magia.




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